viernes, 12 de diciembre de 2014

Las traviesas remodeladas de la vía

CRÓNICA LA PEÑA DEL TREN TRAIL 2014



Cuando en la vida las cosas se hacen con sentido, dedicación, empeño, entrega, y sobre todo, porque realmente te gusta lo que estás haciendo, al final el resultado no puede ser otro, no cabe otro desenlace que el disfrute de uno de los eventos mejor organizados del trail español. 

Torneros de la Valdería


Cuando no hace muchos meses conocí a Santiago Nistal, sabía que me encontraba ante una persona, por decirlo de algún modo, singular y atípica. No voy a entrar a definirle puesto que, quién realmente le conozcáis, sabréis mejor que yo que sería algo arduo y, seguramente, sería imposible dar con la fórmula que defina las propiedades para designarle de manera unívoca. Y es que es de esas personas que no te deja indiferente. De esas personas que desde el primer momento te produce una sensación de intríngulis, una sensación de querer saber lo que realmente se le pasa por la cabeza. Pero es de esas personas que a la vez te produce, al menos a mí, una sensación de nobleza y de decir las cosas como realmente las siente y las piensa seguramente sin darse cuenta o sin ponderar las consecuencias que a veces eso conlleva. Creo que es de esas personas que, cómo se suele decir, si anda delante de ti quizás no convenga seguirle, si anda detrás de ti quizás no sepas guiarle pero que, si anda a tu lado, tendrás en el a un amigo. Quizás para unos eso sea una virtud y para otros sea un defecto, pero independientemente de eso, creo que es de esas personas con las que puedes pensar con la voz alta y siempre tratará o, al menos lo intentará, de comprenderte y ayudarte.
Briefing. De izquierda a derecha: Felipe Artigue, Pablo Villa, David López Castán, Alfredo Gil, Gaby Sánchez y Raúl López Castán

Con todo esto, en el momento en que un maquinista como Santi Nistal se pone a los mandos de la locomotora, como interventor tiene a Carlos Justel, el fogonero para atizar la caldera es José Antonio de Pablo “Depa” y como jefe de circulación tenemos presente a Felix YouEvent, pues quieras o no el viaje en ese tren se hace mucho más placentero y confortable, el trayecto se realiza en butaca preferente. Y por si esto fuera poco, si a esto sumamos todos los ilustres viajeros que se suben a los vagones, no sólo al de cabeza, sino también a los de cola, pues ya tenemos todos los condimentos y alicientes para que el itinerario se convierta en una fiesta por todo lo alto.


No solo estos ingredientes anteriormente expuestos son lo que hacen de esta carrera algo especial, hay algo intrínseco que difícilmente es explicable desde fuera pero que te va llenando según avanzan los minutos, como una especie de calma, sosiego y placidez derivada seguramente del trato que se recibe por parte de la gente de la organización y de la Valdería que hace que el trayecto se realice en primerísima clase del primer al último pasajero.

Calentando motores

Torneros de la Valdería va amaneciendo con una luna llena al fondo de película y una temperatura de 0º, como dicen, ni frío ni calor. Como cada diciembre de los últimos seis años, esta mañana la estación rebosaba de gente que iba de un lado para otro. El andén principal presenta una algarabía importante minutos antes de la partida, maleta viene, maleta va. El frío del invierno se cuela por la puerta cada vez que alguien entra a la sala de espera. La gente se afana en entrar en calor correteando por los alrededores del andén principal a la espera de la partida del convoy mientras se hacen las últimas despedidas antes del largo viaje. Toda la logística y responsables del viaje parece que están preparados, cada uno en su sitio y todos los pasajeros en los asientos de sus correspondientes vagones esperando la partida. El bullicio y el tiberio aumenta segundos antes de salir. El reloj del apeadero marca las nueve y cuarto. Gracias a la política exigente de puntualidad en la empresa ferroviaria no hay demora, comienza la cuenta atrás. El revisor está colgado en la puerta, toca el silbato, sale humo, suenan adioses, el tren se pone en marcha, es hora de partir.

Salida del Tren



Los viajeros que han cogido el tren de cercanías parece que tienen prisa puesto que la locomotora sale a todo trapo, la espesa humareda de la chimenea cubre el ambiente y rápido la carbonilla sale por el escape. Cómo en mi caso el viaje es más largo, prefiero desenganchar un poco mi vagón de la cabeza tractora, a esa velocidad el único Oriol que iba a subirse a ese Talgo en éste trayecto es el que financió su fabricación. 

Primeros kilómetros de la vía.

  
Tras unos primeros kilómetros de la línea por vía estrecha, algún pequeño embudo inicial y algo de agua sobre el trayecto, de repente los raíles giran 90 grados y comienza la vía ancha. La pendiente del primer cortafuegos vista desde abajo merece todo el respeto y consideración, metemos un poco más de carbón al hogar de la caldera, apretamos con fuerza el fuelle para atizarlo bien y comenzamos la ascensión a ritmo constante e incesante. Aunque la mañana está fresca, hay que empezar a abrir la ventanilla del vagón puesto que se comienza a sudar.

Un "pequeño" cortafuegos



Llegada a la primera subestación del km 4 para reponer energías. Parece ser que aquí nadie las necesita, los pasajeros del vagón de cabeza no hacen ni ademán de reducir el ritmo del convoy así que, no voy a ser menos y sigo tras ellos con la inercia que llevamos. Acabamos como quién dice de salir y el ténder va lleno de agua y combustible. Viene ahora un tramo para disfrutar y deleitarse del paisaje de La Cabrera profunda durante unos minutos aunque sin descuidarse mucho puesto que la cantidad de balastro que hay entre las traviesas y sobre los raíles puede hacer que descarriles en cualquier momento.



Descenso vertiginoso por la contraladera de subida y llegamos a un tramo donde el trazado de la vía se hace por unos cientos de metros un poco, no diría confuso ni turbado, pero si cabroncete, con algo de maleza crecida debido al desuso, parece que es una vía muerta. A mis compañeros de vagón en ese momento, Sr. Artigue y Sánchez-Capitán, no se qué clase de improperios les sale por la boca seguramente acordándose del maquinista y a mí, aunque no me sale decir nada, lo pienso. El sol de cara y la dificultad orográfica con escobas que llegan hasta las ventanillas hacen más difícil este tramo aunque pronto las vías se despejan y continuamos el viaje a campo abierto disfrutando de la brisa del monte.

Volando en la Valdería





Tras otro repecho llegamos a uno de los apeaderos, o más bien lo definiría como un auténtico oasis en medio del desierto puesto que es pantagruélico, no se ha escatimado en nada y eso se agradece. El revisor nos pide y nos tica los billetes. Aquí me doy cuenta que no sé si llevo camellos de acompañantes o si realmente son de mi misma estirpe, pero lo que si se es que ni se detienen a beber agua. Así que, decido bajarme de ese vagón, ese va muy rápido para mi. Paro tranquilamente y en la aguada lleno el depósito. Cuando me subo de nuevo al tren y reanudo el paso me doy cuenta que a partir de aquí seguramente el trayecto lo voy a hacer en solitario.

Camino a la vertical



Unos minutos de descenso donde los frenos echan humo y a lo lejos ya se observa la carretera de Torneros, preámbulo de lo que va a ser la vertical, un kilómetro de subida con 300 mts de desnivel. Mi vagón ya necesita cremallera para traccionar en este tramo aunque la cantidad de muchedumbre que se agolpa a los lados de la vía te empujan con sus ánimos para ayudar al ascenso. Nuevo y merecido tentempié al coronar y largo descenso hasta la estación de partida.

Vertical del Tren



De nuevo en el andén de Torneros. Aquí se apean los pasajeros del cercanías, fin de trayecto para ellos, se cambia de aguja y, en mi caso, cambio de tren puesto que el combustible ya empieza a escasear y creo que voy a tener que engancharme a la catenaria a ver si así consigo hacer los aún 9 kms que faltan de recorrido.


Esta parte es la nueva adjudicación que se le ha hecho a la gestora ferroviaria Nistal para que el tren disfrute de nuevos parajes y rincones, gran acierto a mi humilde entender. Tras el primer repecho de ascenso y bajada correspondiente de este nuevo tramo, justo al introducirnos en el pinar, llega hasta la altura de mi vagón Luisma, compañero salmantino del club y medio acoplados comenzamos a subir otro de los cortafuegos. Charlamos un poco mientras disfrutamos del paisaje por la ventanilla, pero pronto el desnivel se hace muy pronunciado y cotilleos los justos. Coronamos juntos y nos tiramos ladera abajo entre los árboles para encarar la última tachuela del día. Voy justo, es comienzo de temporada, los engranajes aún no están engrasados, los pistones y las bielas aún están recios y el esfuerzo empieza a pasar factura. Luisma va medio punto más fuerte, mete la reductora y comienza a distanciarse en la última subida, zona bonita. 
 

Pero ya está hecho, último descenso. Desengancho y casi que dejo el vagón caer por su propio peso. El convoy va tan estirado que se cruzan los vagones que bajan con los que aún están subiendo los primeros tramos de este recorrido largo. La estación está cerca, se escucha la megafonía, familiares y amigos esperando la llegada del tren para saludar y abrazar a los viajeros que llegan de tan lejos. La garita del jefe de estación está que arde recibiendo los tiempos de llegada. Los frenos chirrían para detener el tren. El viaje ha tocado a su fin. Han sido 27 kms de disfrute máximo donde los haya. Extraordinario convite ofrecido por la organización y los vecinos para celebrar el acontecimiento y tiempo para saludar y despedirse de amigos, conocidos y colegas (Javi Pascu, Villa, José Manuel y Nuria, Sergio, Mediavilla, Rubén Nembra y todos mis compañeros bejaranos, entre otros).

Gran comida de despedida



Igual que definir al “alma máter” de este evento es complicado, definir esta carrera también lo es. No hay nada especial que a priori llame la atención pero absolutamente todo es superlativo cuando te sumerges en ella. Casi todo el mundo trata de hacer algo grande sin darse cuenta que muchas veces la vida se compone de cosas pequeñas. Faltarían palabras para agradecer cómo hacen sentirte desde el primer momento y el esfuerzo que realizan tanto organización como voluntarios pasando por los vecinos del pueblo de Castrocontrigo y de Torneros. 
 

Santi Nistal y Felix YouEvent


Esta estación es un lugar mágico de despedidas y reencuentros, un lugar dónde soñar bonitas historias de las que, en algún momento, nosotros somos los protagonistas. No hay que dejar que el viejo caballo de acero inglés se cubra de herrumbre y la antigua estación del pueblo se pueble de fantasmas. Hay que volver año tras año y remodelar las traviesas de la vía para que cada vez el trayecto sea mejor aún si cabe. Como dice el maquinista, nunca será el AVE, pero siempre será El Tren…






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